23 abril, 2024

Con el compromiso de construir memoria sobre el conflicto en las islas y lo que significó para quienes pelearon allí, ANSL recorrió varias localidades del territorio provincial en busca de las historias de los excombatientes y sus familias, que han hecho propia la misión de malvinizar, de erigir una herencia simbólica y colectiva para no olvidar.

Foto: Antonella Lucero Suárez junto a sus dos abuelos; Ofaldo Lucero y Juan Suárez, ambos veteranos de Malvinas

La memoria, como dice León Gieco en su emblemática canción, bien puede ser un sueño, una espina, un refugio, un arma de la vida y de la historia, ya sea la personal o la colectiva. Y, en efecto, escuchar a los excombatientes de Malvinas y a sus familiares y leer sus gestos permite saber que en sus evocaciones hay cientos y cientos de sentidos sobre lo que es Malvinas en sus vidas y lo que es el 2 de Abril más allá de un feriado en el calendario.

En sus recuerdos hay dolor, hay pérdidas, hay secuelas imborrables. También hay orgullo, honor, camaradería en la trinchera y en la posguerra. Hay mucho amor por la Argentina, una entrega que traspasó los límites de lo simbólico y que llegó al plano físico. En sus recuerdos hay estruendos, un frío austral y, sobre todo, una imperiosa necesidad de dejar un legado, transmitir a otros, a los que vienen después, a las futuras generaciones, lo que fue y significa la guerra de Malvinas para los argentinos.

La memoria es una pieza central del legado, aquel que, en los años recientes, los veteranos construyeron a través de un término que se ha vuelto cada vez más familiar aunque no figure en el diccionario de la Real Academia: la malvinización. Es poner nuevamente en escena el histórico y justo reclamo de la soberanía argentina sobre las islas y también la participación de aquellos que combatieron allí. Es un modo de revertir el proceso de desmalvinización que se dio en la posguerra, en el que lo ocurrido en las islas, las voces de los veteranos y sus traumas fueron ocultados e ignorados.

A esa falta de reconocimiento, a la indiferencia social y a la escasez de espacios públicos relevantes para hablar de sus vivencias se sumó esa suerte de corsé que impone la formación militar, que aún hoy ciñe a muchos excombatientes y que se traduce en las palabras que usan, en sus formas de narrar y en los límites férreos que se fijan ellos mismos a la hora de expresar los sentimientos o emociones que despierta en su ser el recuerdo de Malvinas. Algunos confiesan que solo con sus familias o con sus pares se animaron a hablar de la contienda; o que muchos años después pudieron empezar a hacerlo, cuando cambió la mirada y la interpretación histórica sobre el conflicto y la figura de los veteranos pasó de la indiferencia a la reivindicación de su entrega y valor.

Foto: Nancy Romero y Daniela Ponce esposa e hija, respectivamente, del excombatiente Héctor Daniel Ponce

Como ámbito que produce y pone en circulación discursos, con un rol social y un compromiso respecto a construir memoria sobre el conflicto en el Atlántico Sur, ANSL conmemora el Día del Veterano y de los Caídos en Malvinas desde los testimonios de excombatientes y sus seres queridos. Justamente la palabra es la otra pieza indispensable del legado y adquiere un doble valor para aquellos cuyas vidas fueron atravesadas por la guerra. Al contar sus historias particulares y dejarlas para la posteridad hacen un aporte a una construcción plural de la memoria sobre Malvinas y, por otro lado, recuperan para sí mismos el poder liberador y sanador de la palabra.

Cada nombre que aparece en estas líneas prestó también su testimonio para un video, porque la letra escrita no alcanza para exteriorizar emociones, sentimientos, dudas y frustraciones. Este trabajo especial sobre la guerra del Atlántico Sur no buscó la lágrima fácil, mucho menos el golpe bajo. Intentó sacar a la superficie lo que ellos, los excombatientes, quisieron que salga. Fue un aporte más a su visibilización y la de sus familias. Hablaron los que quisieron y de lo que quisieron. Eso es lo que reflejan estas líneas y los videos que las acompañan, porque cada uno carga con su historia, sus pesares y sus orgullos. Gloria eterna a cada uno de ellos.

Carlos Miguel Martínez, excombatiente que vive en Concarán, reconoce que transcurrieron dos décadas hasta que pudo hablar de la guerra. Silvana Candia, hija del veterano Ángel Candia, y el excombatiente Luis Alfredo Romero, coinciden en que la contención y el acompañamiento de la familia es vertebral para sobrellevar la vida tras Malvinas. En Tilisarao, en el memorial que rinde homenaje a quienes defendieron la Patria, una placa reza: “El soldado no muere en el campo de batalla, muere cuando el pueblo lo olvida”. Por ello, a metros de allí, Marcelo Nollac y Gustavo Silva, dos excombatientes y vecinos de la localidad, recordaron lo vivido en 1982. Nicolás Ferreyra, un veterano que reside en Merlo, detalló cómo la escritura lo ayudó a resignificar sus experiencias en el conflicto. Otro vecino de la villa, Esteban Juan Tries, evocó las difíciles jornadas en las que la muerte acechaba. En Los Molles, Roberto Ricci se emocionó al recordar a quienes lucharon y no volvieron. La Iglesia de Santa Rosa del Conlara fue escenario de las entrevistas a Cristina Susana Stojanov, viuda del fallecido suboficial mayor Carlos Ortiz, y a Ernesto Raffaini, quien fue piloto de la Fuerza Aérea Argentina. Y en Cortaderas, José Antonio Altamirano narró lo que experimentó hace 42 años en el portaaviones ARA 25 de Mayo y también hace algunos años atrás, cuando tuvo la posibilidad de ir a Malvinas.

En el Museo Malvinas de La Punta hizo lo propio Pedro Prudencio Miranda, quien desde hace 42 años comparte una vida plena junto con sus hijos, desde aquel día en que, sentado solo frente a una bomba, pidió al cielo verlos una vez más. Allí también están algunos de sus compañeros de batalla. Luis Rodríguez compartió su experiencia personal con una maqueta de fondo, réplica del buque que fue su hogar durante más de dos meses. El ruido de la explosión de misiles británicos en el Puerto Argentino todavía resuena en los tímpanos de Carlos Díaz, mientras lucha por resguardar sus emociones. Todo lo contrario a Ana Forino, quien apela a sus sentimientos más profundos al recordar a su difunto marido y héroe de Malvinas, Ricardo Jaime.

En Terrazas del Portezuelo, con las sierras de la capital puntana de fondo, el ‘Turco’ Sagger, como lo conocen familiares y amigos, dejó un mensaje contundente a las nuevas generaciones: “Hicimos lo que pudimos, ahora les toca a ustedes”. Ofaldo Lucero hizo un llamado a recordar con especial énfasis a quienes define como ‘hermanos’, aquellos que entregaron el sagrado regalo de la vida en defensa de los colores nacionales. Ofaldo tiene una nieta en común, Antonella, con Juan Suárez, otro veterano de Malvinas. A pesar de su timidez e inhibición frente a la presencia periodística, es Antonella quien sintetiza en sencillas pero poderosas palabras la herencia de la memoria. ‘Orgullo’, ‘héroe’ y ‘amor’ son los conceptos que elige para hacer referencia a sus abuelos.

En Villa Mercedes, Delia Nelly Panza, Nancy Romero y Daniela Ponce, madre, esposa e hija, respectivamente, del del excombatiente Héctor Daniel Ponce, no pudieron contener sus lágrimas al contar cómo esas tres generaciones y la que sigue, fueron un pilar fundamental para que él superara la guerra y cómo se contagiaron de la causa para también, a la par de malvinizar a la sociedad. Lo mismo sucedió con Bastián Ismael Mariani, nieto del veterano Carlos Alberto Agüero, ‘mi héroe favorito’ como lo nombra, quien no solo le legó su historia en las islas sino un fuerte sentimiento patriótico. Tal es así que a sus 11 años ya tiene un proyecto de vida: “Quiero ser militar por si la Argentina llega a necesitarme”, aseguró con una emoción incontenible.

En el mismo suelo, con el Museo de Excombatientes de Malvinas de Villa Mercedes como escenario, los veteranos Eduardo Frezzi, Leonardo Carmona, Leontes Muñoz y Hugo Omar Bartoloni, recordaron cómo era su vida previa al conflicto bélico y cómo fue después, en los años oscuros que pasaron cubiertos por un manto de invisibilidad, falta de reconocimiento y con una historia que entonces llevaban como una carga. “La mayoría de los veteranos acomodamos todos los días esa mochilita. No lo podés olvidar, no lo podés enterrar, habrá personas que sí, pero en su mayoría no. Entonces armamos la mochila todos los días y siempre hay algo que aparece para cargar, o para sacar. Llevar esa armonía no fue fácil, pero es algo que vamos logrando todos los días con ayuda de la familia, que es fundamental”, explicó Frezzi.

“La misión que nos queda es que, mientras vayamos faltando, los que queden, nuestros hijos, nuestros nietos, integrantes de las distintas asociaciones de todas las provincias, sigan malvinizando para entender que las Malvinas son territorio argentino, que son nuestras”, expresó Bartoloni.

A los excombatientes, a sus familias, eterno agradecimiento por abrirse para dar a conocer sus historias, por abrazar con tanto fervor la tarea de construir el legado.

Las fotos de los protagonistas

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